
Este sábado se registraron disturbios en distintas localidades francesas en el marco de movilizaciones contra la suba del costo de vida y la degradación de los servicios públicos, en uno de los episodios de violencia más intensos de las últimas décadas en el país.
En paralelo a las marchas pacíficas llevadas adelante por cientos de miles de ciudadanos, sectores minoritarios violentos vandalizaron edificios estatales, saquearon comercios de alta gama y supermercados, y agredieron a efectivos y móviles de la fuerza de seguridad.
Durante los incidentes se incendiaron el ayuntamiento de Limoges y la oficina de turismo de Lyon, mientras que en Marsella un grupo de manifestantes ingresó a la sede municipal para realizar pintadas con consignas anarquistas.
El mandatario francés Emmanuel Macron se pronunció a través de la red social X y afirmó que los responsables de los destrozos y ataques a instituciones y comercios serán investigados y sancionados, al remarcar que "no hay lugar para la violencia" en el territorio nacional.
Por su parte, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, informó que las detenciones tras los hechos de violencia alcanzaron a unas 1.200 personas, en su mayoría mayores de edad, y que al menos 150 efectivos policiales sufrieron heridas.
El funcionario cifró en aproximadamente 550.000 los asistentes a las protestas a nivel nacional, al tiempo que el gremio CGT estimó la concurrencia en 800.000 personas, según consignó la agencia Reuters.
