
La región iraní de Rafsanjan enfrenta una fuerte crisis en la producción de pistachos debido a la combinación de sequía y extracción masiva de agua subterránea. Esta situación genera un hundimiento del suelo de hasta 37 centímetros anuales según un estudio, un problema que también afecta a zonas productoras de California, en Estados Unidos.
El vínculo entre ambos países en este sector data de la década de 1960, cuando se expandió el cultivo en territorio estadounidense con la variedad Kerman. Actualmente, California superó a Irán como el mayor productor mundial, concentrando sus plantaciones en el Valle Central, donde el terreno también desciende hasta 20 centímetros al año por el uso intensivo de los acuíferos.
Los especialistas señalan que la extracción excesiva de agua supera la capacidad de recarga natural, lo que provoca el colapso de los espacios subterráneos y el hundimiento de la superficie. Ali Beitollahi, director de investigación en Irán, advierte que "gran parte del daño es irreversible. Cuando un acuífero colapsa, nunca podrá volver a contener tanta agua como antes".
En California rige desde 2014 una ley para equilibrar el bombeo y la recarga de agua subterránea hacia el año 2040, implementando métodos como la inundación controlada de tierras agrícolas en temporadas de lluvias. Si bien los registros muestran mejoras en algunos pozos, Helen Dahlke, profesora de la Universidad de California, sostiene que la recarga por sí sola no bastará para revertir décadas de sobreexplotación.
En contraste, Irán carece de una normativa aprobada sobre subsidencia y mantiene métodos de riego por inundación que generan una alta evaporación del recurso. Ante este escenario, los productores de ambas regiones intentan implementar medidas de adaptación, mientras enfrentan el impacto del cambio climático y la disminución de las reservas hídricas.
