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Impacto global en juego: cómo las presidenciales de Brasil definirán el futuro de la Amazonía

octubre 19, 2026

Los comicios presidenciales en territorio brasileño adquieren una relevancia central para las políticas ambientales a nivel internacional, dado que el país alberga la mayor extensión de la selva amazónica, considerada un sumidero clave de carbono para el planeta.

Sectores ambientalistas manifestaron inquietud luego de que el postulante Flávio Bolsonaro, representante del partido PL, lograra una ventaja del dos por ciento frente al mandatario actual, Luiz Inácio Lula da Silva, perteneciente al PT, durante la primera vuelta de los comicios.

"Sin querer sonar alarmista, diría que la reelección de Lula es la única barrera entre nosotros y el fin de la Amazonía", expresó Claudio Angelo, quien se desempeña como coordinador de política internacional en el Observatorio del Clima, una red conformada por organizaciones no gubernamentales de Brasil.

Históricamente, la región amazónica funcionó como un amortiguador natural frente al cambio climático, aunque también atravesó procesos de deforestación a gran escala.

Durante la gestión del expresidente Jair Bolsonaro, padre de Flávio, desarrollada entre 2019 y el año 2022, las instituciones encargadas del medio ambiente sufrieron un debilitamiento y los mecanismos de control disminuyeron, lo que derivó en registros históricos de tala en la selva tropical.

"Se descuidó la agenda ambiental y se revirtió el control que el gobierno ejercía sobre la contaminación en general —y, específicamente, sobre la deforestación—", indicó Claudio Forner, jefe de política climática en el centro de estudios Climate Analytics, con base en la ciudad de Berlín.

Los cálculos oficiales estiman que en el transcurso del mandato de Jair Bolsonaro se perdieron 45.586 kilómetros cuadrados de superficie amazónica, una cifra que supera el territorio total de Dinamarca, afectando la resiliencia del ecosistema al punto de que sectores actuales del bioma liberan más carbono del que retienen.

Por el contrario, la llegada de Lula a la presidencia estuvo acompañada de compromisos orientados a la defensa de la Amazonía, incluyendo la meta de anular la deforestación hacia el año 2030, la ampliación de los sistemas de vigilancia y el fortalecimiento del Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (Ibama), organismo de fiscalización.

Bajo esta administración, la tala ilegal experimentó un retroceso notorio y las proyecciones indican que en 2026 llegará a su punto mínimo en una década, implicando una reducción del 41 por ciento en contraste con el periodo de gobierno anterior.

En la vereda opuesta, el historial legislativo de Flávio Bolsonaro en materia de preservación forestal recibió objeciones de especialistas, recordando que en 2019 impulsó como senador un proyecto que proponía modificar la exigencia actual de que los propietarios rurales mantengan el 80 por ciento de sus tierras con vegetación autóctona para permitirles darles el uso que prefieran.

"La señal que dé el presidente podría ser 'ahora pueden deforestar' o 'ahora será más difícil deforestar'", manifestó Ana Yang, directora del Centro de Medio Ambiente y Sociedad del instituto Chatham House en Londres, quien añadió que "en el momento en que se reduce la capacidad de fiscalización, la deforestación aumenta".

Aunque Flávio Bolsonaro fijó como objetivo erradicar la deforestación ilegal para 2029, adelantándose un año a la meta del actual gobierno, Claudio Angelo desestimó la propuesta al señalar que el candidato pretende cumplirla "no haciendo cumplir la ley, sino legalizándola".

Para Claudio Forner, la problemática climática adoptó un carácter partidario, donde los sectores de derecha catalogan el cambio climático como un asunto ficticio y sostienen que las normativas atentan contra la economía, al tiempo que atribuyen a la izquierda intenciones de controlar los medios de producción.

Un eventual triunfo de la fuerza política de Bolsonaro podría desplazar a Brasil del rol de liderazgo en la materia que consolidó al ser sede de la conferencia climática COP30 en Belém, aunque analistas advierten que la continuidad de Lula tampoco asegura una protección absoluta.

A pesar de las caídas en la deforestación, la administración actual impulsó proyectos vinculados a la expansión petrolera, lo cual fue calificado por Angelo como una traición al mandato ecológico, aunque reconoció que el balance general del presidente en este ámbito es notable al definirlo como "el peor líder climático del mundo —excepto por todos los demás—".

El balotaje se llevará a cabo el próximo 25 de octubre, en un contexto donde gran parte de la ciudadanía posterga el debate ecológico debido a urgencias cotidianas.

"Al fin y al cabo, lo que le importa a la gente es el acceso a la educación, al saneamiento y a la salud", expresó Ana Yang al explicar que obras como la apertura de caminos en la selva, cuestionadas internacionalmente por su impacto ambiental, son valoradas de manera positiva por sectores de votantes que priorizan sus necesidades básicas de supervivencia.

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