
A mediados de septiembre existía preocupación en Estados Unidos debido a que los desarrolladores advertían sobre los peligros de sus propias tecnologías y el Gobierno se mostraba reacio a intervenir. Diversos ejecutivos de empresas de inteligencia artificial habían solicitado que se frenara temporalmente el avance del sector. Como respuesta, el presidente estadounidense, Donald Trump, escribió en Truth Social: "La IA que se apodera del mundo, destruye a la humanidad y todo lo demás malo, es un ENGAÑO", y cuestionó que los líderes de la industria pidieran regulaciones que los llevaran a la quiebra.
Pese a ese antecedente, Trump anunció durante el fin de semana la formación de una "AI Force" y la designación de un encargado especial. En su publicación, prometió que no se obstaculizará el crecimiento de la actividad y agregó: "Sin embargo, también buscaremos el mal, y podemos hacerlo fácilmente con nuestro sistema de justicia penal y civil ya existente. Con ese fin, anunciaré próximamente al 'zar' de la IA. ¡Solo se aceptan solicitudes de personas con un coeficiente intelectual alto!". El mandatario no detalló las funciones, atribuciones ni recursos asignados al puesto.
La medida podría interpretarse como un intento de contrarrestar el impulso del gobernador demócrata de California, Gavin Newsom, quien propuso una comisión para regular a las compañías tecnológicas de Silicon Valley. Newsom busca que estas firmas incluyan un interruptor de apagado de emergencia para detener agentes de inteligencia artificial descontrolados, una iniciativa replicada en varios estados gobernados tanto por demócratas como por republicanos.
La competencia tecnológica entre Estados Unidos y China excede el plano económico, ya que existen temores de que Pekín alcance el estatus de única superpotencia. Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, advirtió en un ensayo sobre los riesgos del desarrollo descontrolado en medio de la rivalidad bilateral. "Si limitamos considerablemente las capacidades de nuestra IA, pero China no lo hace, la IA podría volverse tan poderosa que otorgue a China una posición de dominio geopolítico", afirmó, y añadió que "por lo tanto, cualquier acuerdo debe tener una verificabilidad inquebrantable o debe ser lo suficientemente limitado como para que la deserción no represente una amenaza militar".
En contraste, en China el desarrollo tecnológico está vinculado a los lineamientos estatales desde hace años, respaldado por planes oficiales y por la Administración del Ciberespacio de China para cumplir la meta de dominio global para 2030. La regulación de ese país busca que los modelos se ajusten a la doctrina oficial, de modo que herramientas como el chatbot DeepSeek replican la postura del régimen sobre temas como Taiwán, Tiananmen o la situación de los uigures, según registros de 2025, diferenciándose de los modelos europeos y estadounidenses basados en riesgos.
Este jueves, Trump recibirá en una cena de Estado en la Casa Blanca al presidente chino, Xi Jinping, donde la inteligencia artificial formará parte central de los temas a tratar. La cuestión se debatió previamente en Nueva York entre el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, y el viceprimer ministro chino, He Lifeng, donde se propuso un mecanismo de intercambio de información sobre riesgos.
"Creemos que, al igual que con cualquier actividad transfronteriza, es muy importante pasar de la opacidad a una mayor transparencia entre la primera y la segunda potencia mundial en inteligencia artificial", expresó Bessent. La decisión final sobre este entendimiento y la continuidad de las restricciones comerciales y acuerdos básicos quedará en manos de ambos jefes de Estado.
