
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibió al líder chino Xi Jinping en la base aérea Andrews en un inusual gesto diplomático previo a las conversaciones bilaterales mantenidas en el Despacho Oval. Posteriormente, Trump mostró a su invitado proyectos de construcción en la Casa Blanca y lo invitó a un vuelo a bordo del helicóptero presidencial.
Tras el encuentro, Trump afirmó ante la prensa que tuvieron una gran reunión y que nunca se habían entendido mejor, destacando la búsqueda de prosperidad y seguridad. Por su parte, el analista Aurelio Insisa sostuvo que la diplomacia personal del mandatario estadounidense es una construcción unilateral que existe principalmente en su cabeza, sin evidencias que respalden que su relación personal sea el factor decisivo.
Esta visita constituyó el primer viaje de Xi a Estados Unidos en diez años, aunque no se anunciaron resultados concretos sobre comercio o inteligencia artificial, más allá de la creación de un canal de comunicación específico y el mantenimiento de una tregua comercial. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, indicó que la tregua acordada hasta noviembre se extenderá hasta enero de 2027.
La Casa Blanca confirmó reducciones mutuas de aranceles en bienes no críticos por valor de 30.000 millones de dólares, gestionadas a través de la Junta de Comercio bilateral anunciada en mayo. Sin embargo, los analistas advierten que la tregua comercial es frágil y Pekín no modificará radicalmente su política industrial para cumplir con las demandas de Washington.
En materia de inteligencia artificial, la falta de confianza y transparencia dificulta los marcos regulatorios conjuntos, pese al anuncio previo de un diálogo específico tras reuniones entre funcionarios de ambos países. Desde Pekín se destacó que los ambiciosos objetivos de ambas naciones pueden reforzarse mutuamente, mientras analistas señalan que China logra mantener a la administración estadounidense en la conversación sin adoptar pasos concretos en los temas más urgentes.
